En un entrenamiento previo a un partido importante, el técnico pidió máxima concentración y juego rápido al primer toque. Asensi, que tenía fama de tener un carácter alegre y algo bromista, decidió “poner a prueba” la teoría. En un rondo empezó a jugar absolutamente todo al primer toque… incluso cuando no era necesario. En una de esas, sin mirar, devolvió el balón de tacón creyendo que tenía un compañero detrás. El problema fue que no había nadie: el balón salió rodando hasta golpear unos cubos de agua, empapando a parte del cuerpo técnico.
El entrenador se quedó en silencio unos segundos. Cruyff, serio al principio, no pudo evitar soltar una carcajada. Asensi, lejos de disculparse con solemnidad, dijo:
-"¡Míster, al primer toque… pero no dijo que mirara!"
El vestuario estalló en risas y la tensión previa al partido desapareció
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