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dijous, 16 de maig de 2019

Cap. 5831: 40 años de Basilea [VII]

Y que podemos contar del apoteosico final vivido el 17 de mayo en Barcelona. La ciudad de Barcelona aclamó al campeón como nunca antes se había recibido a un once vencedor.
Prueba de la gente que se echó a la calle fue el tiempo que empleó la expedición blaugrana para llegar desde al aeropuerto a la Basílica de la Mercè: dos horas y media. La comitiva nunca dejó de estar acompañada por la afición, que la siguió en coches, motos y bicicletas desde el Prat de Llobregat y, ya en las calles de Barcelona, hasta la Plaça de Sant Jaume (la Generalitat y el Ajuntamiento), riadas y riadas de gente saludando, gritando y animando al equipo. Un recibimiento que, a día de hoy, los jugadores que lo vivieron desde el autocar siguen destacando como lo "más increíble" que han visto en su carrera profesional. La fiesta terminó en el Camp Nou, donde el equipo ofreció el título.

Cap. 5831: 40 años de Basilea [VI]

El pitido final hizo respirar al barcelonismo, que gritó tan fuerte como pudo la victoria. También los jugadores. Asensi se hizo con el balón y empezó a dar salto, a agitar el brazo en alto hasta fundirse en un abrazo con el guardameta Pello Artola.
El capitán volvió a cobrar protagonismo en la entrega del trofeo. El entonces presidente de la UEFA, Artemio Franchi, le entregó la Recopa y Juan Manuel Asensi, emocionado como nunca, abrazó, la mimó y la ofreció a la afición para posar después con el equipo. Era tal la emoción, que incluso, un aficionado culé se abalanzó a Asensi para tocar el trofeo y tuvo que ser apartado con celeridad para que el acto de entrega pudiera seguir su curso. El capitán, trofeo en mano, fue paseado a hombros por sus compañeros. Fue un momento de felicidad máxima para el barcelonismo.

Cap. 5831: 40 años de Basilea [V]

En la segunda parte no se registraron goles y se llegó a la prórroga con empate a dos tantos. El Barça volvió a cobrar ventaja por mediación de Rexach, que se sacó la espina del penalti, y Krankl, ya en la segunda parte del tiempo extra, aumentó la diferencia (4-2) con un gol que los que lo vivieron tienen grabado a fuego en la memoria: avance veloz y vertical de Carrasco con un gran regate en carrera y el "Lobito" atrae a dos defensas y cede al ariete austríaco para que, con la zurda, supere al portero por raso. El balón, al cruzar la línea larga del área pequeña, levantó una nubecita de cal… 
Otra imagen inmarcesible es la que se formó acto seguido: una montaña de jugadores, uno encina de otro, para celebrar el que parecía gol definitivo. Pero el Barça tuvo que sufrir hasta el final al anotar los alemanes el 4-3 por mediación de Seel en el minuto 114. Los seis últimos minutos fueron eternos, tan eternos como los nueve de Wembley en 1992

Cap. 5831: 40 años de Basilea [IV]

El partido daba dio inicio a las 20.15 horas en el estadio St. Jakobs y fue arbitrado por el húngaro Karoly Palotai, el equipo de Rifé siempre fue más que el Fortuna de Düsseldorf de Hans-Dieter Tippenhauer. Los técnicos se decidieron por los siguientes once's:

Barcelona: Artola, Zuviria, Migueli, Albaladejo, Costas (Martinez), Neeskens, Rexach, Sanchez, Krankl, Asensi, Carrasco.
Fortuna: Daniel, Brei, Zewe, Zimmermann, Haltes, Kuhnen, Schmitz, T. Allofs, Bommer, Klaus Allofs, Seel.

Abrió el marcador a los 5 minutos por mediación de "Tente" Sánchez, pero empató Klaus Allfos tres minutos después. Y a los 12, Carles Rexach desaprovechó un penalti. Jörg Daniel, el meta alemán, se lo detuvo contra todo pronóstico por ser ‘Charly’ un consumado especialista desde los 11 metros… El primer tiempo acabaría con otros dos goles, el 2-1, obra del capitán Juan Manuel Asensi, y el 2-2, de Wolfgang Seel.

Cap. 5831: 40 años de Basilea [III]

Aquel día es el primero de un gran exodo de blaugranas a Europa, la afición desplazada a Basilea se cifró en 30.000 almas (por 10.000 el contingente alemán) y de ella se recuerda el colorido que dio con miles de senyeres y banderas blaugranas así como por el civismo con la que se manejó por Suiza. Sorprende que cuando aún en el Camp Nou, se podían ver pocas senyeres a causa de la represión, St. Jakobs se llenaba de senyeras de la afición. Parecía que el Barcelona iba poner fin al gafe de finales en Suiza (perdió en Berna, en 1961, la Copa de Europa y en Basilea, en 1969, la Recopa) y por la multitudinaria caravana blaugrana que peregrinó hasta Basilea (30.000 valientes dieron aliento al equipo en tierras helvéticas). 

Cap. 5831: 40 años de Basilea [II]

Otro de los héroes, Hansi Krankl vivía una trágica experiencia personal. Su esposa Inge había sufrido un accidente automovilístico el lunes 7 de mayo y llegó a temerse por su vida. El accidente tuvo lugar en la madrugada del domingo al lunes, sobre las 00:30 horas en la Avinguda Diagonal esquina Agustina Saragossa. El vehículo lo conducía un amigo de la pareja y en el mismo viajaban Hansi, Inge y el abogado de los Krankl, que salieron con alguna contusión y heridas de poca importancia. Miles de ciudadanos acudieron a la llamada de auxilio para donar sangre a Inge, Krankl que no viajo al partido de liga anterior a la final de la Recopa (ante el Real Zaragoza, 1-1), para estar con su esposa en esos momentos en los que había recibido extremaunción, deseaba agredecer a los aficionados su apoyo en los momemntos más delicados

Cap. 5831: 40 años de Basilea [I]

El 16 de mayo de 2019, se recuerda una fecha histórica. La del 16 de mayo de 1979, la Final de la Recopa de Europa que se disputaba en el estadi de St. Jakobs. Las previas no eran muy halagüeñas para el equipo blaugrana: Juan Carlos Milonguita" Heredia sufrió una contractura muscular en la pierna izquierda en el partido anterior a la final (Zaragoza, en La Romareda) y, pese a querer jugar, fue imposible. No hubo milagro. Nuestro "Tarzán" Migueli tenía una rotura de clavicula, pero el mismo avanzó que jugaría "vendado e inyectado". Ni loco iba a perderse el bravo central semejante cita, pero su infiltración solo duraba 90 minutos, sufrio como pocos aquellos 30 min suplementarios.. Y Neeskens afrontó la víspera del duelo con gastritis, y a pesar de que sabía que tenía las contadas en el vestuario decidió jugar como sabía a él, entregandose hasta el último segundo