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dimarts, 5 de juny de 2012

Rosell ya tiene trabajo: parar una escisión en la directiva

Diario Gol

El presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, mantiene abiertos tres frentes que deberá ir resolviendo los próximos meses, con la intención de tenerlos completamente cerrados a comienzos de la próxima temporada, tras las vacaciones de verano. La estrategia del máximo mandatario culé pasa por atacar estos tres frentes a la vez y ha puesto en marcha los mecanismos .
 En la cúpula azulgrana se tiene el convencimiento de que será difícil, pero se confía en controlar la situación. Si no lo consigue, las consecuencias pueden ser catastróficas, ya que si los resultados no acompañan al Barça, puede estallar una crisis interna que lleve a la desmembración de la directiva y se produzca, la próxima temporada, una salida masiva de miembros de la junta similar a la que sufrió la primera directiva de Joan Laporta en el año 2005. Sandro Rosell se enfrenta, pues, a una situación delicada en la que es posible que tenga que probar de la misma medicina que él administró al anterior presidente.

"Aún es prematuro prever una división que provoque una salida de directivos, pero no es un escenario imposible si los títulos se nos escapan", admite una fuente interna del club azulgrana en GOL. Otras fuentes consultadas no descartan tampoco a medio plazo una situación de estas características. E incluso alguna apunta a que podría ser el propio Sandro Rosell quien facilitara una ruptura para tratar de recomponer la unidad de la junta directiva y quitarse de encima los rebeldes. Sería, en definitiva, una voladura controlada de la junta, una operación maquiavélica pilotada por el propio presidente culé.

Para evitar este escenario apocalíptico, el máximo mandatario culé debe trabajar en los frentes que tiene abiertos. Vayamos por partes. Por un lado, existe el frente con el equipo técnico que a partir de ahora encabezará Tito Vilanova. La directiva del Barça quiere redefinir las relaciones de la junta con los técnicos. El interés de Sandro Rosell en este aspecto se centra en desmantelar el anterior equipo y redefinir el trabajo de cada uno. La salida de Pep Guardiola y, especialmente, de Manel Estiarte, ha sido el pasaporte para esta remodelación. Con estos dos fuera, desaparece el principal obstáculo para que el presidente pueda meter baza en el vestuario, una de las intenciones que Rosell ambicionaba desde que fue elegido presidente.

Este interés en el vestuario tiene que ver con dos cuestiones. La primera es que Rosell no ha sido el primer mandatario de todo el club en los últimos dos años. Y eso, debido a que la presencia de Pep Guardiola le impedía controlar los dominios del entrenador. La conquista de esta parcela era una de las asignaturas pendientes que, con la marcha del míster, tiene al alcance. El otro tema es la de los fichajes. Tradicionalmente, los presidentes de los clubes de fútbol siempre se han caracterizado por su afición a mandar sobre la contratación de jugadores. Cierto que en ocasiones son los entrenadores los que diseñan las necesidades técnicas de los jugadores que faltan y piden con nombres y apellidos los que quieren. Pero es el presidente quien tiene la última palabra en materia de fichajes, no en vano tiene la llave de la caja. En el Barça, este papel decisivo estaba aguado por el propio peso de Pep Guardiola dentro del club: después de ganarlo casi todo, el presidente no tenía razones económicas ni narices por negarse a sus peticiones. Se encontraba, pues, atado de pies y manos ante el entrenador. A partir de ahora, con Tito Vilanova, lo tendrá más fácil, ya que el nuevo míster no tiene el peso y el predicamento de Guardiola ante los socios.

Una imagen bajo mínimos
Otro frente es el de las relaciones con el exterior y el mantenimiento de la imagen que proyecta el club hacia la opinión pública. El Barça ha iniciado ya una ofensiva de relaciones públicas para tratar de cambiar la percepción que se tiene del club desde el exterior. Rosell es consciente de que en los menos de dos años gobernando, el FC Barcelona ha sufrido un importante desgaste, a pesar de los títulos ganados en este periodo.

Se da la paradoja de que el laportismo sufrió una contundente derrota en las elecciones del verano de 2010. Y, además, los socios votaron a favor de interponer una acción de responsabilidad civil contra la anterior directiva por la herencia económica que Joan Laporta dejó. El actual político, además, tuvo que abandonar el club por la puerta trasera, en medio de acusaciones intencionadas de la actual Junta que hablaban abiertamente de corrupción y de escándalos económicos y personales.

La propia junta de Rosell se dedicó a filtrar la mayoría de datos de la detallada auditoría que encargó a Deloitte. Por eso se supo que había gastos en hoteles de lujo, pagos poco claros con la tarjeta Visa del chofer, fiestas en salas de Barcelona, viajes en aviones privados que se podían haber ahorrado ... El objetivo estaba muy claro: desacreditar al ex presidente y cortar su probable contraataque.

Pero a pesar de la animadversión que se generó contra Laporta desde las últimas elecciones en Can Barça, la imagen y la credibilidad de la nueva directiva no crecieron exponencialmente a la bajada de la anterior junta. En círculos oficiales del club se admite que Rosell no ha sabido ganar la batalla mediática. Falto de una política de comunicación clara y efectiva, Sandro no estuvo a la altura de las circunstancias ante los medios ni ante la sociedad. Si quiere los favores de la opinión pública, sin embargo, ha de ganarse su confianza y ésta es ahora una de sus prioridades.
Esta necesidad pasa por un pequeño detalle: si esta temporada el Barça no ha ganado ni la Liga ni la Champions, en la próxima puede pasar lo mismo. Y si empieza ahora una era en la que no se ganen títulos importantes, quiere decir que empezarán a llover críticas tanto internas como externas. El peligro añadido es que Joan Laporta está a la expectativa y sopesa su vuelta al Barça, lo cual quiere decir que tiene cuatro años por delante para ir haciendo campaña de desgaste de la actual directiva. Y Rosell no puede permitirse que sea precisamente Laporta el mejor situado de cara a las elecciones del 2016. Si se llega a esta situación, querrá decir que su etapa como presidente del Barça habrá sido un fracaso absoluto, porque demostraría que no supo ilusionar a la gente. No habría peor derrota para Rosell que el socio determinara que preferiría de nuevo al perseguido por la actual directiva, Laporta, que a un "transparente" Rosell como su sucesor.

El frente más difícil
El tercer frente es el más difícil. Y es lo que de verdad empieza a preocupar de verdad en la cúpula azulgrana: hablamos del frente abierto dentro de la Junta, donde algunos miembros "van a la suya" y crean división. Puede ser una cuestión de celos, o simplemente de grandes egos. Pero Rosell tiene un gran problema que es una bomba de relojería. Hay miembros de la cúpula azulgrana que se consideran legitimados para ser señalados ya como los herederos de Sandro Rosell. Que quieren ocupar su lugar.

El presidente culé, sin embargo, quiere mantener la distancia con todos por diferentes motivos. Primero, porque todavía faltan cuatro años para las próximas elecciones. Es muy temprano, pues, para designar sucesor. Segundo, porque la intención inicial de Rosell es no repetir mandato, pero aún está a tiempo de cambiar de opinión y volver a presentar candidatura. Todo depende del desgaste que sufra durante la legislatura y de la marcha del primer equipo las últimas temporadas de la misma. Y tercero, porque no quiere crear división entre los miembros de la directiva estableciendo rangos o preferencias por unos o por otros.

La situación dentro de la Junta, sin embargo, no está para tirar cohetes. Existe división entre los miembros y esto genera un malestar creciente que Rosell no sabe cómo cortar. Según manifiestan fuentes internas del club, este enfrentamiento, que cada vez es más evidente, puede ser el embrión de un terremoto dentro del órgano de dirección del Barça. "En estos momentos, Rosell se arrepiente de haber 'fichado a algunos directivos", dice una persona que lo conoce muy bien.

La realidad, sin embargo, es que está obligado por las circunstancias a resolver la situación antes de que se produzca una rebelión a bordo, aunque desde los círculos más cercanos al presidente se considera que los rebeldes no tienen adeptos dentro de la directiva para a formar un bloque compacto que ponga en peligro el mandato de Rosell. Para estas fuentes, estos rebeldes son, casi, "francotiradores" con ganas de hacerse notar. Pero, aun así, no dejan de ser un peligro real dentro de la cúpula azulgrana. Una piedra en el zapato de Sandro Rosell que lastra su gestión y que puede acabar siendo el detonante de la primera gran crisis de su etapa.
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Como paso en su día con Laporta es lógico que no todos los directivos comparten la opinión de Rosell. Espero que si hay dimisiones no vayan corriendo a chuparsela a los que trabajan en la "Caverna Mierdiatica", para insultar a los que se quedan.
Me sorprende ver como muchos ahora critican a este diario Gol, como un panfleto Laportista, sin embargo cuando gobernaba Laporta era Rosellista.
Lo malo del diario este es que siempre habla en tercera persona y sin atraverse a mencionar el nombre de los que le pasan la información, de esos topos... Lo que daria mayor veracidad a sus noticias.

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