A mediados de los 70, el FC Barcelona empezaba a cambiar. Llegaban nuevos jugadores, nuevas ideas y otra mentalidad. Sadurní ya no era el joven "Gat del Vallès", sino el veterano respetado del vestuario.
En uno de esos entrenamientos, un portero más joven (que venía apretando fuerte) realizó una gran sesión. Paradas espectaculares, reflejos rápidos, mucha energía. Algunos compañeros empezaron a comentarlo en voz alta. Era el típico momento en el que un veterano podría sentirse amenazado.
Pero Sadurní hizo lo contrario. Al terminar la práctica, se acercó al joven y le dijo algo que varios escucharon:
- "Aprieta más. El puesto no es mío… es del que mejor esté."
No hubo tensión. No hubo celos. Solo competencia sana. Esa actitud marcó mucho a los más jóvenes: entendieron que el liderazgo no siempre consiste en imponer jerarquía, sino en aceptar el paso del tiempo con dignidad.
Poco después, cuando su protagonismo disminuyó, Sadurní no generó conflictos ni polémicas. Siguió entrenando igual de fuerte, ayudando a los nuevos y manteniendo el respeto del vestuario. Su última gran lección no fue una parada… Fue cómo saber hacerse a un lado con elegancia.
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