Cathonys

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Mushofutbol

dimecres, 25 de febrer del 2026

Cap. 11143: La charla con los vasos de plástico

Uno de los aspectos más recordados de Robson dentro del vestuario o en los descansos de los partidos era su forma poco convencional y espontánea de explicar las cosas. Según recuerda Luis Enrique, que jugó bajo sus órdenes esa temporada, Robson no usaba siempre una pizarra técnica tradicional para transmitir ideas al equipo. 

Durante algún descanso, se acercó a sus jugadores con vasos de plástico y empezó a usarlos como si fueran "marcadores de posiciones" en el campo, moviéndolos en el banquillo mientras decía:

- "Esto es un delantero… este otro… tú tienes que moverte así…"

Ver al entrenador inglés armado con vasos de plástico en lugar de una pizarra técnica, gesticulando y explicando movimientos tácticos con sentido del humor, causaba risas entre los jugadores y rompía la tensión del partido.

Cap. 11142: Venables, el "showman" fuera del campo

 Aunque llegó como un entrenador serio e innovador, Venables tenía una vena divertida y muy carismática fuera del campo que no pasaba desapercibida en Barcelona. Cuenta la gente que, fuera de los entrenamientos y partidos, solía aparecer en programas de televisión en Catalunya cantando e imitando a artistas como Frank Sinatra, dejando a muchos espectadores sorprendidos y encantados con su sentido del humor. Esa faceta lo convirtió en un personaje querido por la afición no solo por sus tácticas, sino por su capacidad de hacer reír y mostrar su lado más humano en un país que estaba aprendiendo todavía a comprender al entrenador inglés.

Cap. 11141: Una broma de "Quimet" Rife

Durante un entrenamiento previo a un Clásico contra el Real Madrid, Rifé era conocido por su sentido del humor en el vestuario, algo poco habitual en jugadores tan serios en el campo. Ese día, mientras los compañeros estaban concentrados, Rifé decidió gastar una broma:

Escondió las medias y espinilleras de varios compañeros en los cajones del vestuario.

Cuando los jugadores fueron a ponerse el uniforme, no podían encontrar nada y comenzaron a desesperarse.

Rifé, desde un rincón, se estaba partiendo de risa, mientras los veteranos como Sadurní y Torres trataban de mantener la calma.

Finalmente, todos encontraron su equipamiento, pero el entrenador los regañó entre risas, porque la tensión se había disparado… y Rifé simplemente levantó los brazos y dijo:

- "Solo estaba preparando el Clásico… ¡quería que aprendieran a improvisar!"

Cap. 11140: Trabajo con los más jóvenes

Marcial, siendo jugador del Barça, era muy querido por la cantera del Club. Después de entrenamientos, se quedaba hablando con los juveniles, enseñándoles movimientos, tiros y cómo leer el juego. Se dice que muchos jugadores jóvenes que luego llegaron al primer equipo aprendieron con él técnicas de golpeo de balón y control de espacio, algo que reflejaba su visión de juego y generosidad.

Cap. 11143: La humildad fuera del campo

A diferencia de muchos delanteros que buscan protagonismo mediático,  Manolo Clares era muy cercano con los aficionados. Se cuenta que, tras partidos difíciles, se quedaba firmando autógrafos incluso bajo la lluvia, sin importarle la incomodidad, solo para devolver algo a la gente que le apoyaba.

Cap. 11142: Fotos sin champagne

Después de conquistar títulos, como ligas o copas con el Barça, era habitual que los jugadores celebraran con champán sobre el parquet. Pero Trumbo no salía en las fotos con champán "mojado" porque, siendo de fuerte fe mormona, sentía que no estaba bien según su religión celebrarlo de esa forma. Era respetuoso con sus creencias incluso en momentos festivos. �

Cap. 11141: La cinta adhesiva...

A pesar de su imagen seria en la cancha, Epi tenía sentido del humor. Una vez, durante un entrenamiento, puso cinta adhesiva en los zapatos de un compañero para que no pudiera saltar bien en los ejercicios de rebote. Todos terminaron riendo, incluyendo el entrenador, y Epi se ganó la reputación de bromista travieso entre los compañeros.

Cap. 11140: La motivación del vestuario

Norris era famoso por sus charlas motivadoras antes de los partidos importantes de Euroliga. En un encuentro decisivo contra el Maccabi Tel Aviv, el equipo estaba nervioso por la presión europea. Audie se levantó y dijo algo que los jugadores nunca olvidaron:

- "No importa quién esté enfrente. Nosotros somos Barça y aquí se lucha cada balón como si fuera el último."

El Barça ganó el partido, y varios jugadores comentaron después que la intensidad y confianza de Norris fue clave para cambiar la mentalidad del equipo.

Cap. 11139: Si hay que jugar...

En un Clásico muy caliente contra el Real Madrid Baloncesto, el ambiente estaba muy tenso. El Barça era un equipo duro, físico, y Norris era el referente interior. En medio del partido hubo empujones y juego muy agresivo bajo el aro.

En un tiempo muerto, mientras algunos compañeros estaban alterados, Norris —con su carácter fuerte pero liderazgo tranquilo— soltó una frase que se hizo famosa en el vestuario:

- "Si hay que jugar, jugamos. Si hay que pelear, peleamos. Pero este partido no se nos escapa."

Volvió a pista y dominó la pintura con rebotes y puntos decisivos. El Barça ganó, y desde entonces muchos aficionados lo recuerdan como el símbolo del carácter competitivo del equipo en esa época.

Cap. 11138: Un gol al Arco Iris, no!!

En un partido importante de Liga, el equipo necesitaba remontar y el ambiente en el Camp Nou era tenso. Asensi, conocido por su potente disparo desde media distancia, no había tenido su mejor primera parte. En el descanso, según contó años después, un compañero le dijo en tono de broma:

- "Juan, hoy no le pegas ni al arco iris".

Asensi se lo tomó con humor… pero también como reto. En la segunda parte, recibió un balón suelto fuera del área. Sin pensarlo dos veces, soltó un derechazo espectacular que se coló por la escuadra. El estadio estalló. Mientras volvía al centro del campo, miró a su compañero y le gritó:

- "¡Pues al arco iris no, pero a la escuadra sí!"

Ese gol no solo ayudó a ganar el partido, sino que reforzó su fama como uno de los grandes cañoneros del Barça. Asensi siempre fue un jugador elegante, con llegada y carácter competitivo, pero también con ese punto de picardía que hacía especial a aquella generación.

Cap. 11137: Asensi empapa al cuerpo tecnico

En un entrenamiento previo a un partido importante, el técnico pidió máxima concentración y juego rápido al primer toque. Asensi, que tenía fama de tener un carácter alegre y algo bromista, decidió “poner a prueba” la teoría. En un rondo empezó a jugar absolutamente todo al primer toque… incluso cuando no era necesario. En una de esas, sin mirar, devolvió el balón de tacón creyendo que tenía un compañero detrás. El problema fue que no había nadie: el balón salió rodando hasta golpear unos cubos de agua, empapando a parte del cuerpo técnico.

El entrenador se quedó en silencio unos segundos. Cruyff, serio al principio, no pudo evitar soltar una carcajada. Asensi, lejos de disculparse con solemnidad, dijo:

-"¡Míster, al primer toque… pero no dijo que mirara!"

El vestuario estalló en risas y la tensión previa al partido desapareció

Cap. 11136: Un gol "inesprado"

En una de sus primeras apariciones con el Barça, "Torito" Zuviría entró desde el banquillo en un partido complicado. El equipo estaba atascado y el Camp Nou empezaba a impacientarse. En una jugada algo atropellada dentro del área, el balón quedó suelto tras varios rebotes… y Zuviría, oportunista puro, lo empujó a la red casi sin ángulo.

Lo curioso es que él mismo contaría después entre risas que ni siquiera vio bien el balón, que simplemente metió el pie "por si acaso". Ese gol terminó siendo decisivo para asegurar la victoria.

dimarts, 24 de febrer del 2026

Cap. 11135: Un pase que ayudó en Wembley

Una de las noches más recordadas de Txiki Begiristain en el FC Barcelona fue en la final de la Copa de Europa de 1992 en Wembley, contra la UC Sampdoria.

El partido estaba muy cerrado, con ambos equipos buscando un gol que inclinara la balanza.

Begiristain, conocido por su calma y visión de juego, recibió un balón en la banda y vió un espacio que parecía imposible.

En lugar de intentar un disparo arriesgado, hizo un pase medido al área que abrió la jugada para el gol decisivo de Ronald Koeman, que terminó marcando de falta.

Tras el gol, Begiristain celebró con discreción, consciente de que su aportación había sido clave, pero sin buscar protagonismo. Sus compañeros y el entrenador Johan Cruyff siempre destacaron que su visión y tranquilidad en los momentos críticos eran vitales para que el equipo funcionara.

Cap. 11134: El liderazgo de Txiki"

Txiki Begiristain fue una pieza clave del famoso "Dream Team" de FC Barcelona dirigido por Johan Cruyff en los años 90. Aunque no era el más mediático, su personalidad y liderazgo dentro del vestuario marcaron la diferencia.

Una anécdota conocida ocurrió durante una pretemporada:

El equipo estaba preparando un torneo amistoso y varios jóvenes del filial estaban integrándose en los entrenamientos.

Algunos de los titulares estaban tensos y competitivos, temiendo que los novatos tomaran protagonismo.

Begiristain, siempre tranquilo, se acercó a los más jóvenes y les dijo:

- "Jugad como sabéis. Si nos ayudáis a ganar, todos ganamos."

Su mensaje fue simple, pero generó confianza y respeto inmediato. Durante el torneo, los jóvenes brillaron y el equipo salió reforzado, tanto en juego como en cohesión.

Cap. 11133: Zamora era también un "cachondo"

Cuentan que durante una concentración con el FC Barcelona, los jugadores estaban aburridos y tensos esperando un partido importante. Zamora decidió "animar" el ambiente de una manera inesperada:

Tomó un balón viejo, lo infló un poco más de la cuenta y empezó a lanzarlo sigilosamente hacia los compañeros mientras fingía concentración en su libro de táctica. Cuando alguien lo atrapaba o se quejaba, él levantaba las cejas y decía con tono serio:

- "Cuidado, esto es un ensayo de tiros imposibles."

El vestuario estallaba en risas. Algunos jugadores dijeron que, por un momento, Zamora los hizo olvidar la presión del partido

Cap. 11132: La obsesión de Zamora

Ricardo Zamora no solo era un portero talentoso: era obsesivo con su preparación. Durante sus años en el FC Barcelona, los entrenamientos se convertían en auténticas demostraciones de perfeccionismo.

Por ejemplo: pedía a sus compañeros que le lanzaran el balón desde ángulos imposibles o que simularan tiros de penales desde posiciones extrañas. Cada parada era medida, repetida y analizada por él mismo. Una vez, tras varias repeticiones de tiros desde 30 metros y con viento, un compañero le preguntó:

- "¿Por qué tanto esfuerzo?"

Zamora respondió:

- "Si en un partido me llega uno así, quiero estar listo. La portería no perdona."

Cap. 11130: "Lo tengo, sigue"

Cuando Johan Cruyff llegó al FC Barcelona en 1973, revolucionó todo: técnica, táctica, mentalidad. Muchos jóvenes quedaron deslumbrados, y algunos veteranos se sintieron desafiados. Sadurní, ya portero experimentado, era uno de esos veteranos que no necesitaba demostrar nada… pero sí aprender.

Durante un entrenamiento, Cruyff estaba probando jugadas rápidas con pases imposibles y tiros desde ángulos difíciles. Muchos porteros se frustraban, pero Sadurní adoptó otra actitud: observaba, analizaba, se colocaba y respondía con calma a cada balón. Hay un episodio que los compañeros recuerdan: Cruyff le lanzó un tiro que parecía imposible de parar. Sadurní reaccionó con reflejos perfectos, detuvo el balón y, en lugar de celebrar, le dio un pequeño gesto de respeto a Cruyff: un asentimiento con la cabeza, como diciendo "lo tengo, sigue".

Cruyff quedó impresionado y comentó más tarde que Sadurní era uno de los pocos jugadores que podía seguir su ritmo sin perder compostura. Ese respeto mutuo se mantuvo durante años y ayudó a que el Dream Team del Barça desarrollara la confianza que los hizo grandes.

Cap: 11129: La humildad de " el Gat del Vallès"

A mediados de los 70, el FC Barcelona empezaba a cambiar. Llegaban nuevos jugadores, nuevas ideas y otra mentalidad. Sadurní ya no era el joven "Gat del Vallès", sino el veterano respetado del vestuario.

En uno de esos entrenamientos, un portero más joven (que venía apretando fuerte) realizó una gran sesión. Paradas espectaculares, reflejos rápidos, mucha energía. Algunos compañeros empezaron a comentarlo en voz alta. Era el típico momento en el que un veterano podría sentirse amenazado.

Pero Sadurní hizo lo contrario. Al terminar la práctica, se acercó al joven y le dijo algo que varios escucharon:

- "Aprieta más. El puesto no es mío… es del que mejor esté."

No hubo tensión. No hubo celos. Solo competencia sana. Esa actitud marcó mucho a los más jóvenes: entendieron que el liderazgo no siempre consiste en imponer jerarquía, sino en aceptar el paso del tiempo con dignidad.

Poco después, cuando su protagonismo disminuyó, Sadurní no generó conflictos ni polémicas. Siguió entrenando igual de fuerte, ayudando a los nuevos y manteniendo el respeto del vestuario. Su última gran lección no fue una parada… Fue cómo saber hacerse a un lado con elegancia.

Cap. 11128: Sadurní calló al Camp Nou

A comienzos de los 70, el FC Barcelona vivía una etapa irregular. El público del Camp Nou era exigente y cuando el equipo no funcionaba, se notaba.

En un partido clave de Liga, el Barça empezó nervioso. Un error defensivo casi termina en gol y desde la grada bajaron murmullos, silbidos y esa tensión tan característica del estadio cuando algo no gusta.

Minutos después, llegó una jugada peligrosa del rival: disparo potente, desviado por un defensa… y el balón cambió de trayectoria en el último segundo.

Sadurní reaccionó con un reflejo felino. Se estiró a mano cambiada y sacó una parada imposible. El estadio, que segundos antes estaba inquieto, explotó en aplausos.

Pero lo más significativo vino después. En lugar de celebrar o recriminar a la defensa, Sadurní levantó la mano pidiendo calma. No a sus compañeros… al estadio. Un gesto sobrio, casi imperceptible, como diciendo:

- "Tranquilos. Estamos aquí."

Ese detalle bajó la ansiedad colectiva. El equipo se asentó y terminó sacando el partido adelante.

Cap. 11127: "Parando" bajo la lluvia

En los años 60, las instalaciones del FC Barcelona no tenían ni de lejos las comodidades actuales. Cuando llovía fuerte, el campo se convertía en barro puro.

Muchos entrenamientos se acortaban. Algunos jugadores se iban antes para evitar lesiones. Era comprensible.

Pero Sadurní no. Cuando caía la lluvia intensa, él veía una oportunidad. Sabía que en partidos importantes el clima no iba a preguntar si estabas preparado. Así que, mientras varios ya estaban en el vestuario, él pedía a un utilero o a algún compañero que se quedara tirándole balones.

Se lanzaba una y otra vez sobre el barro. Blocajes con el balón empapado. Salidas por alto con el suelo resbaladizo.

Terminaba cubierto de tierra, literalmente irreconocible.

Cuando le preguntaban por qué lo hacía, respondía algo muy suyo:

- "Si el día de la final llueve, yo ya habré estado ahí."

Esa mentalidad lo llevó a ganar tres Trofeos Zamora y a ser durante más de una década el guardián del Barça en una etapa complicada. No era espectacular hacia afuera. Pero su preparación silenciosa lo hacía gigante bajo los palos.

Cap. 11126: El silencio de una final

Sadurní, apodado “el Gat del Vallès”, no era un portero de grandes discursos. Era más bien reservado. Pero tenía una autoridad natural.

Cuenta una anécdota de una final de Copa en los años 60: minutos antes de salir al campo, el vestuario estaba cargado de nervios. Algunos jóvenes hablaban más de la cuenta, otros estaban tensos.Sadurní se levantó, cerró su bolsa lentamente… y dijo algo muy simple:

- "Ellos también tienen miedo.Nada más. No dio una arenga épica. No gritó. No señaló a nadie. Solo recordó que el rival no era invencible. Ese comentario bajó la ansiedad del grupo. El equipo salió más sereno… y terminó ganando el título. 

Cap. 11125: La charla que cambió un partido

Compañeros del Dream Team recuerdan que, en una semifinal europea a principios de los 90, el equipo llegó al descanso nervioso y algo desordenado. Cruyff había dado sus indicaciones tácticas, pero el ambiente seguía tenso.
Entonces Bakero pidió la palabra.
Sin gritar, con tono firme, recordó algo muy simple:
"Jugamos como entrenamos. Si empezamos a dudar ahora, dejamos de ser nosotros."
Fue un mensaje corto, pero tocó la fibra del grupo. No hablaba desde el ego, hablaba desde la responsabilidad colectiva.

Cap. 11124: Schuster y su caracter

En un entrenamiento, el técnico pidió repetir una jugada varias veces porque no salía como quería. Schuster, perfeccionista y directo, empezó a mostrar su frustración. En un momento, delante de todos, señaló que el problema no era la táctica sino que algunos compañeros no estaban cumpliendo lo que se pedía.

Silencio total.

En un vestuario con egos grandes, no era habitual que alguien hablara tan frontalmente. Pero Schuster no era de guardarse nada. No gritaba por espectáculo: lo hacía porque odiaba la mediocridad.

Lejos de romper el grupo, aquello generó respeto. Incluso Maradona, que no toleraba cualquiera, valoraba su talento y su franqueza. Sabían que, cuando el balón pasaba por él, el equipo jugaba mejor.

Cap. 11123: Schuster desaparece de Alemania

En el Mundial de 1982, Bernd Schuster era una de las grandes estrellas de Alemania Federal. Tenía apenas 22 años, pero ya era el cerebro del equipo.

Tras perder la final contra Italia, ocurrió algo inesperado:

Schuster se sintió profundamente decepcionado con el ambiente interno del equipo y con algunas decisiones técnicas. Había tensiones en el vestuario y no estaba cómodo con la gestión.

Lo sorprendente fue lo que vino después.

Con solo 24 años —y en pleno nivel top— decidió no volver a jugar con la selección alemana mientras siguiera esa estructura. No fue una lesión. No fue una bajada de nivel. Fue una decisión personal. Y cumplió su palabra

Cap. 11122: Thiago le da una lección

 Después de perder una de las finales con Argentina (en plena etapa de críticas fuertes hacia él), Messi llegó a su casa devastado. Se sentía culpable, triste, cuestionado por todo un país.

Estaba en silencio, mirando al vacío… cuando su hijo mayor, Thiago —que era muy pequeño— se le acercó.

Sin entender del todo lo que pasaba, le dijo algo simple pero poderoso:

“Papá, ¿por qué estás triste? Yo te quiero igual.”

Para Messi fue un golpe directo al corazón.

En entrevistas posteriores contó que en ese momento entendió algo fundamental: el fútbol es importante, pero no es todo. Para sus hijos, él no era el mejor jugador del mundo… era simplemente papá.

Ese instante lo ayudó a cambiar su perspectiva. A competir con más calma. A disfrutar más. A no dejar que la presión lo destruyera.

Muchos dicen que ese Messi más maduro y sereno fue el que luego lideró a Argentina al título en el Mundial.