Sibilio llevaba varios tiros fallados. Desde la grada se escuchaban murmullos. En aquella época no era raro que el público rival intentara desconcentrar al tirador.
Entonces ocurrió lo típico en él:
Recibió abierto en el ala.
Amagó una vez.
Se elevó sin dudar.
Triple limpio.
En la siguiente posesión… otro más.
Y poco después, otro tiro exterior que terminó de romper el partido.
Lo curioso es que, según contaban compañeros, en el tiempo muerto alguien le dijo:
- "Chicho, estabas frío…"
Y él respondió con calma:
- "Frío no. Estaba calibrando."
Ese era Sibilio: podía fallar cinco seguidos, pero el sexto lo tiraba con la misma seguridad que si hubiera metido los anteriores.
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