En el Mundial de 1982, Bernd Schuster era una de las grandes estrellas de Alemania Federal. Tenía apenas 22 años, pero ya era el cerebro del equipo.
Tras perder la final contra Italia, ocurrió algo inesperado:
Schuster se sintió profundamente decepcionado con el ambiente interno del equipo y con algunas decisiones técnicas. Había tensiones en el vestuario y no estaba cómodo con la gestión.
Lo sorprendente fue lo que vino después.
Con solo 24 años —y en pleno nivel top— decidió no volver a jugar con la selección alemana mientras siguiera esa estructura. No fue una lesión. No fue una bajada de nivel. Fue una decisión personal. Y cumplió su palabra
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