A comienzos de los 70, el FC Barcelona vivía una etapa irregular. El público del Camp Nou era exigente y cuando el equipo no funcionaba, se notaba.
En un partido clave de Liga, el Barça empezó nervioso. Un error defensivo casi termina en gol y desde la grada bajaron murmullos, silbidos y esa tensión tan característica del estadio cuando algo no gusta.
Minutos después, llegó una jugada peligrosa del rival: disparo potente, desviado por un defensa… y el balón cambió de trayectoria en el último segundo.
Sadurní reaccionó con un reflejo felino. Se estiró a mano cambiada y sacó una parada imposible. El estadio, que segundos antes estaba inquieto, explotó en aplausos.
Pero lo más significativo vino después. En lugar de celebrar o recriminar a la defensa, Sadurní levantó la mano pidiendo calma. No a sus compañeros… al estadio. Un gesto sobrio, casi imperceptible, como diciendo:
- "Tranquilos. Estamos aquí."
Ese detalle bajó la ansiedad colectiva. El equipo se asentó y terminó sacando el partido adelante.
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